El Infierno del Theja Bajará el telón como un día cualquiera, dice José Simón Escalona, director de la compañía que recién arribó a sus 36 años, que fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación en 1982, y que sin explicaciones ni derecho a pataleo no sólo dejó de obtener financiamiento estatal, sino que meses atrás recibió la notificación de que con el vencimiento del comodato de su sede tendría que marcharse y dejar su historia atrás. "Hoy vamos a estar allí, en el teatro, como siempre. Hemos pensado que hay que bajar el telón como si fuera una función más de un montaje que, además, ha recibido todo el apoyo del público, de los críticos y que, sobre todo, nos ha brindado fortaleza para enfrentar lo que estamos viviendo", advierte Escalona. "Esperábamos, sí, el reconocimiento del Estado por estos 20 años de trabajo", reflexiona el fundador de la agrupación. "Pero lo que no podemos es obligar al Gobierno a que entienda lo que no quiere entender. Si somos un problema, nada mejor que retirarnos y continuar el desarrollo de nuestra compañía en otro lugar y con el mismo compromiso de siempre. ¿Por qué tendríamos que seguir incomodando a una gente que no nos quiere? Y si el Estado siente que este no es el tipo de teatro que necesita, desalojamos. Porque si estas son las consecuencias de seguir trabajando con libertad, pues las aceptamos. Nosotros seguiremos aferrados a nuestras ideas y a la propuesta de teatro que queremos hacer", pone un punto y aparte Escalona. Nacho Huett, actor curtido sobre las tablas y, si se quiere, ícono de la agrupación fundada por José Simón Escalona, prefiere no darle tregua a la tristeza. "El Theja no es una sala de teatro. No es el Alberto de Paz y Mateos. Lo que quiero decir es que obviamente no nos vamos a detener porque nos quitaron la sede. De hecho ya nos estamos moviendo para conseguir otra. El asunto es que vamos a seguir trabajando, porque uno tiene que adaptarse a los tiempos. Sencillamente estamos cerrando un ciclo y abriendo otro", dice Huett. Después de todo el saldo es altamente positivo, saca cuentas José Simón Escalona: 61 grandes estrenos, más de 20 perfomances, otros tantos montajes de danza y más de 100 presentaciones de compañías regionales que, dice, siempre encontraron abiertas las puertas del Alberto de Paz y Mateos. Río Teatro Caribe, el Teatro Estable de Barcelona comandado por Kiddio España, la Sociedad Dramática de Maracaibo y la Compañía regional de Guayana, entre muchísimas otras agrupaciones, presentaron sus obras en la sala del sector Las Palmas. Pero dos obras del Theja, recuerda Nacho Huett, fueron las que despertaron sensiblemente su piel actoral: El príncipe constante, de Calderón de la Barca, que fue su primera pieza junto a la compañía teatral; y Prometeo encadenado, de Esquilo, ambas dirigidas por Escalona. "Yo crecí como actor gracias al grupo Theja", reconoce Nacho Huett. "Y puedo decir con gran orgullo que los montajes de la agrupación siempre fueron dignos de representar a Venezuela en cualquier lugar del mundo. Porque parte de la historia del teatro venezolano es la historia del Theja", sentencia el histrión ahora prestado a la televisión. Las que menciona Huett son apenas dos obras del catálogo del Theja, que aún con la amenaza de desalojo en ciernes, decidió meses atrás despedirse con un nuevo montaje. Pero no uno cualquiera. Guiño sardónico a quienes ostentan el poder, es con La divina comedia, el gran poema teológico de Dante Alighieri que retrata a la corrompida sociedad italiana del medioevo, que el grupo Theja planea bajar hoy el telón y despedirse -acaso para siempre- de la que fue su casa durante dos décadas. "Por fortuna el arte es contrario al panfleto y al proselitismo. Uno monta una pieza en la escena y deja de ser unívoca para ser polisémica, así que cada quien tiene una idea personal de lo que está viendo. La divina comedia expone con gran profundidad la crisis de una época como la Edad Media, de una ciudad como Florencia, y de un país como Italia, pero sobre todo expone la crisis de la cultura humana. Y nosotros pensamos que esa decadencia de valores que se muestra en la obra de Dante se parece mucho a lo que vivimos hoy en día en el país", explica Escalona, quien días atrás iba más lejos aún acerca del por qué de semejante elección. "Los venezolanos nos hemos labrado nuestro infierno actual. eso uno lo ve cuando lee en profundidad a Dante. No fuimos capaces de entender la trascendencia y la importancia de la democracia, y nos lanzamos todos juntos a una aventura que se nos convirtió en un búmeran que le ha cortado la cabeza a mucha gente. Hasta que no valoremos lo que significa la libertad, no vamos a poder sobreponernos a este momento tan dramático. Y se nos plantea una situación terrible: estamos luchando contra las armas, contra el poder de una arremetida comunista internacional, de un mundo que quiere volver a polarizarse. La izquierda radical siempre ha tenido esta filosofía espantosa de que el fin justifica los medios. Hay algo a lo que no podemos restarle importancia en esta macropelea entre dos tendencias: la pobreza. Mientras ella exista, no podrá cambiar gran cosa. Somos artistas porque el arte es el único verdadero punto de equilibrio entre tendencias tan antagónicas. El arte tiene la fuerza ética para recordarnos que puede cambiar el mundo", decía José Simón Escalona al periodista venezolano Marco Bell. Pero a pesar de haber conocido el infierno de Dante, el escritor, dramaturgo, guionista y productor teatral José Simón Escalona advierte que aún quedan esperanzas. "No hay que olvidar que la intención del autor es moralizante. Se pueden vencer los obstáculos, por más imposible que nos parezca vencerlos. Ya lo dije antes y lo repito: se puede atravesar el infierno y salir de él para llegar al cielo. Así que esa misma energía que se desprende de La divina comedia es con la cual Theja quiere despedirse de este escenario", sentencia el director de la compañía, quien asegura que si ya han comenzado a manejar alternativas -trasladaron la obra Geranio, de Xiomara Moreno, al Trasnocho Cultural- , igual ya han dado pasos en la búsqueda de un lugar para trasladar equipos, escenografías y utilerías. ¿Qué si hay melancolía? "Son muchos los recuerdos que hay que empacar", respinga Nacho Huett, quien sabe bien que hay que hacerlo pronto, porque el telón está a punto de bajar. Simón Villamizar |
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