Transitar para llegar al cielo De rodillas y abrazando el pecho, los actores dieron las gracias al público (Fotos Nicola Rocco) Si el infierno existe, debe ser muy parecido al que dibujó -con talento y mucho coraje- el grupo Theja en su montaje El infierno, de Dante Alighieri, versión de José Simón Escalona, quien una vez más apostó por una escena minimalista y contundente que dejó buena parte de la carga a las excelentes actuaciones y, sobre todo, al texto. No hicieron falta palabras en ese abrazo final que fue el saludo al público. De rodillas y abrazando el pecho, los actores dijeron las gracias. La obra había dicho todo y más. Y es que si Virgilio guía a Dante por los círculos del infierno, el Theja guía al público por el abismo que está dentro y fuera de esas cuatro paredes. En su recorrido, Dante se encuentra con la miseria humana: el pozo de los mentirosos, de los fraudulentos, de los hipócritas, de los traidores, de los avaros; no faltaban los traficantes de influencias, los que se aprovechan para engañar a los más débiles. Todos los personajes revolcándose en el dolor, en el castigo y menos en el arrepentimiento. Un texto que no sólo revela su vigencia -que ya suma varios siglos- sino que deja claro cómo la miseria no tiene tiempo ni lugar. Y es que la de ayer no fue una función cualquiera. No sólo era el fin de una corta temporada (dos semanas) sino que al bajar ese telón se dejaron atrás más de 20 años de trabajo. Que ahora continuarán, es verdad, en otro espacio y no en la que fuera su sede: el teatro Alberto de Paz y Mateos, en Las Palmas. "La llama del Theja no se va a morir", comenta Julie Restifo, hija orgullosa de esa agrupación. "Lástima que no se monte en el Aula Magna porque esto es un campanazo, no de alerta, sino de recordatorio". Ebén Renán, quien interpreta a Dante, no pudo contener las lágrimas. Esa ovación estruendosa por casi 10 minutos contagió a los actores. Esas 200 personas no sólo estaban aplaudiendo el trabajo de la última hora. Estaban de pie, dando las gracias por los últimos 22 años de esfuerzos. Pero para el actor este es sólo un momento de transición y remata citando una reflexión que queda de la obra: "A pesar de los obstáculos siempre hay una esperanza". "Tu alma esta infestada de miedo. Por el miedo los hombres se extravían", dice una línea de Virgilio. Y Escalona añade: "No se puede hacer arte, cultura, teatro con miedo". "Esta obra nos dio la energía para entregar la sala pensando que cumplimos con nuestra labor", asegura Escalona, quien no guarda rencor: "Ojalá que lo que venga sea mejor. De ser así yo seré el primero en reconocerlo". El dramaturgo no se lamenta. Reflexiona y concluye que es mejor entregar el espacio si ese es el precio de seguir trabajando con libertad. "La mejor forma de abandonar este teatro fue con El infierno de Dante. No podemos seguir compartiendo este espacio que es un infierno. Nos tocará transitar y llegar al cielo, porque nos lo merecemos", dijo Javier Vidal a la salida de la función. Flor Elena González, Jean Paul Leroux, Rebeca Alemán, Caridad Canelón, Jorge Palacios, Luis Olavarrieta y por supuesto la familia Theja: Javier Vidal, Angélica Escalona, Juan Carlos Gardie, Ana Castell, Julie Restifo estuvieron ahí para aplaudir a sus compañeros. Alonso Santana, Maigualida Escalona, Oscar Escobar, Rafael Ortiz, Juan Ernesto Pabón, Dante Gil, Kellyns Herrera, Hilci Labrador, Jorge Ely Velazco y Marco Caridad fueron parte del elenco que el domingo dejó un pedacito de alma en la escena. "Volvamos todos a ver las estrellas", dice la última frase. Premonitoria, quizás, para un futuro no tan lejano. María Gabriela Méndez |
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